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Solo el 21% de la población duerme menos de ocho horas por noche

El sueño es un proceso fisiológico clave para la recuperación del organismo. Durante la noche, el cuerpo repara tejidos, regula hormonas, consolida la memoria, fortalece el sistema inmunitario y contribuye al equilibrio emocional y cardiovascular. Cuando el descanso es insuficiente o de mala calidad, todos estos procesos se ven alterados.

Dormir bien no es un detalle menor, sino una necesidad básica para la salud física, mental y emocional. Sin embargo, en Argentina el descanso insuficiente es una realidad cada vez más frecuente y con efectos concretos sobre el bienestar general.

Especialistas advierten que durante el sueño se activan mecanismos indispensables para el correcto funcionamiento del organismo. El sueño profundo favorece la recuperación física, mientras que la fase REM cumple un rol central en la regulación emocional y la memoria. Dormir pocas horas o sufrir despertares frecuentes interfiere directamente en estos procesos.

Datos de relevamientos oficiales y de sociedades científicas indican que cerca del 21% de la población duerme menos de ocho horas por noche. Además, entre el 38 y el 39% presenta insomnio o sueño interrumpido. Estudios realizados durante y después de la pandemia muestran un aumento de los trastornos del sueño, especialmente entre adolescentes y adultos.

Las guías internacionales recomiendan que los adultos duerman entre siete y nueve horas por noche, mientras que niños y adolescentes necesitan aún más tiempo de descanso. No obstante, los especialistas subrayan que no solo importa la cantidad de horas, sino también la calidad del sueño: la continuidad del descanso, el tiempo que se tarda en conciliarlo y la frecuencia de despertares nocturnos.

Qué ocurre cuando se duerme mal

La falta de sueño impacta de forma directa en distintos sistemas del organismo. A nivel cognitivo, disminuye la atención, enlentece el pensamiento, aumenta la probabilidad de errores y afecta la memoria. En el plano de la salud mental, el descanso insuficiente incrementa la irritabilidad y se asocia con un mayor riesgo de ansiedad y depresión.

El impacto también alcanza al sistema cardiovascular, ya que dormir mal se vincula con hipertensión arterial, arritmias, enfermedad coronaria y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Asimismo, la privación de sueño debilita el sistema inmunitario, aumenta los procesos inflamatorios y reduce las defensas frente a infecciones.

“El mal descanso no solo afecta cómo nos sentimos durante el día, sino que también tiene consecuencias a largo plazo sobre la salud”, señalaron especialistas en medicina preventiva.

Recomendaciones para dormir mejor

Para favorecer un sueño reparador, los profesionales aconsejan mantener horarios regulares para dormir y despertarse, incluso los fines de semana; descansar en ambientes oscuros, silenciosos y con temperatura confortable; evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse; limitar el consumo de cafeína, alcohol y tabaco en las horas previas al sueño; realizar actividad física de manera regular, evitando el ejercicio intenso por la noche; optar por cenas livianas y consultar con un profesional de la salud ante insomnio persistente, ronquidos intensos, pausas respiratorias o somnolencia diurna excesiva.