La obra, realizada por la artista María Rizzo, será entregada al reconocido músico quilmeño durante un homenaje previsto para septiembre. El retrato recupera la figura de uno de los grandes referentes del folklore argentino y establece un vínculo entre su legado y la trayectoria de Yacoman.
La memoria de un artista también puede construirse a través de una imagen. Un retrato puede convertirse en mucho más que una representación: puede conservar una presencia, recuperar una historia y establecer un diálogo entre distintas generaciones de una misma tradición cultural.
En ese marco se inscribe el retrato del maestro Jaime Torres, realizado por la artista María Rizzo, que será entregado al charanguista quilmeño Carlos Yacoman con motivo de un homenaje previsto para septiembre de 2026.
La elección de Torres como figura representada no resulta casual. Su nombre está estrechamente ligado a la historia del folklore argentino y, particularmente, a la difusión del charango como instrumento protagonista dentro de la música popular. A lo largo de una extensa trayectoria, Torres logró llevar el sonido del instrumento mucho más allá de los ámbitos tradicionales y convertirlo en una de las voces reconocibles de la música argentina.
La obra de Rizzo propone así una mirada artística sobre una figura que permanece presente en el imaginario cultural del país, al mismo tiempo que establece una conexión directa con otro músico cuya historia está profundamente vinculada con Quilmes.
Jaime Torres, un nombre fundamental del folklore
Jaime Torres nació en San Miguel de Tucumán en 1938, en una familia de origen boliviano vinculada con la música. Desde muy joven se relacionó con el charango y comenzó un camino que lo llevaría a convertirse en uno de los principales intérpretes del instrumento.
Su carrera estuvo marcada por el encuentro entre distintas tradiciones musicales de América del Sur. El charango, de origen andino, encontró en Torres a uno de sus grandes difusores dentro de la escena argentina.
Pero su aporte no se limitó a la interpretación.
Torres participó de algunos de los momentos fundamentales de la renovación del folklore argentino y compartió escenarios y proyectos con numerosos músicos y artistas. Su trayectoria estuvo vinculada además con el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, donde durante décadas fue una presencia destacada.
Uno de los momentos más recordados de su carrera fue su participación en la histórica obra “Misa Criolla”, de Ariel Ramírez, que contribuyó a proyectar el folklore argentino hacia públicos internacionales.
El sonido del charango pasó, de esa manera, a formar parte de una identidad musical que podía dialogar con diferentes géneros y escenarios sin perder su raíz.
Torres murió el 24 de diciembre de 2018, pero su influencia continúa presente en las nuevas generaciones de músicos que encuentran en el charango una herramienta de expresión y una forma de mantener vigente una tradición.
Un retrato como forma de memoria
En ese contexto, la realización del retrato adquiere una dimensión que excede lo estrictamente artístico.
Retratar a una figura como Jaime Torres implica seleccionar una mirada sobre esa persona. El artista que realiza un retrato no solamente reproduce determinados rasgos físicos: también interpreta una personalidad, una época y una historia.
La imagen puede convertirse entonces en un documento cultural.
El trabajo realizado por María Rizzo será entregado a Carlos Yacoman durante el homenaje de septiembre, generando una particular relación entre quien fue uno de los máximos referentes del charango en la Argentina y un músico quilmeño ligado a la misma tradición instrumental.
La obra funcionará, de este modo, como un puente.
Por un lado, estará la figura de Torres y el legado que dejó. Por otro, la trayectoria de Yacoman y su propia relación con el instrumento y con la cultura popular.
El charango como identidad
El vínculo entre Jaime Torres y Carlos Yacoman permite también recuperar la importancia del charango dentro del patrimonio musical latinoamericano.
Aunque su origen se encuentra asociado a la región andina, el instrumento adquirió diferentes formas y significados a medida que fue incorporándose a distintas expresiones musicales.
En la Argentina, su presencia quedó fuertemente asociada al folklore, pero también apareció en propuestas de músicos que buscaron ampliar los límites tradicionales del género.
Torres fue una figura central en ese proceso. Su interpretación permitió que el charango pudiera ocupar espacios destacados dentro de conjuntos, orquestas y grandes escenarios, dejando de ser visto únicamente como un instrumento asociado a determinadas regiones.
Su legado se encuentra precisamente en esa capacidad para unir tradición y renovación.
Quilmes y la construcción de su memoria cultural
La entrega del retrato también tiene una particular importancia desde una perspectiva local.
Quilmes posee una larga tradición vinculada con la música, las artes y las expresiones culturales. La existencia de artistas y músicos que desarrollaron sus trayectorias en la ciudad forma parte de un patrimonio que no siempre queda registrado de manera suficiente.
Por eso, los homenajes y reconocimientos adquieren una dimensión que va más allá del acto puntual.
Reconocer a un artista quilmeño significa también recuperar una parte de la historia cultural de la comunidad. En este caso, la entrega de una obra dedicada a Jaime Torres suma además una segunda capa simbólica: vincula a un referente nacional del folklore con un músico de la ciudad que comparte la tradición del charango.
Arte, música y transmisión entre generaciones
La iniciativa permite pensar también en el papel que cumplen las distintas disciplinas artísticas en la transmisión de la memoria.
La música conserva sonidos, repertorios y formas de interpretación. La fotografía y la pintura preservan rostros y gestos. Los documentos, entrevistas y archivos reconstruyen contextos.
Cuando esas expresiones se encuentran, una figura del pasado puede continuar formando parte del presente.
El retrato de Jaime Torres realizado por María Rizzo se inscribe justamente en ese territorio: el de una obra que será entregada a otro músico como reconocimiento y, al mismo tiempo, como símbolo de continuidad.
No se trata solamente de recordar a quien ya no está, sino de mantener abierto el diálogo entre su obra y quienes continúan desarrollando aquella tradición.
Un homenaje con identidad quilmeña
La entrega prevista para septiembre de 2026 reunirá así varios elementos de la cultura popular argentina: el folklore, el charango, la memoria de Jaime Torres, la obra plástica y la trayectoria de un músico quilmeño.
El retrato será el objeto concreto que reunirá esas historias.
En tiempos en los que gran parte de las imágenes circulan de manera fugaz y digital, una obra destinada a permanecer adquiere además un valor especial. El retrato podrá ser contemplado, conservado y transmitido, convirtiéndose en una pieza material de una memoria que pertenece tanto al artista representado como a quien recibe la obra.
Jaime Torres seguirá siendo recordado por su música y por el lugar que ocupó en la historia del folklore argentino. Pero también podrá ser recuperado a través de nuevas miradas.
Esta vez, una de ellas llegará desde la obra de María Rizzo y tendrá como destinatario a Carlos Yacoman, en un homenaje que, desde Quilmes, volverá a poner en primer plano el sonido, la historia y la identidad del charango.
