A dos años del histórico mensaje del Papa Francisco al Foro Económico Mundial de Davos, sus advertencias sobre la fragmentación global, la violencia y la falta de cohesión social no sólo mantienen plena vigencia, sino que resuenan con mayor fuerza en un escenario internacional atravesado por guerras, desigualdades y tensiones crecientes.
En enero de 2024, el Sumo Pontífice envió un contundente mensaje a los líderes políticos y económicos reunidos en Davos, en el que alertaba sobre “la urgente necesidad de avanzar en la cohesión social, la fraternidad y la reconciliación entre grupos, comunidades y Estados, con el fin de abordar los retos que tenemos ante nosotros”. En ese mismo documento, Francisco advertía que el mundo atravesaba “un clima muy preocupante de inestabilidad internacional”.
“Lamentablemente, al mirar a nuestro alrededor, nos encontramos con un mundo cada vez más lacerado”, reflexionaba el líder de la Iglesia Católica, al señalar el sufrimiento de millones de personas —hombres, mujeres, padres, madres y niños— cuyas vidas se ven marcadas por conflictos prolongados y guerras abiertas. Rostros anónimos para muchos, pero víctimas concretas de decisiones políticas y económicas que priorizan otros intereses.
Desde hacía tiempo, Francisco insistía en que la humanidad ya estaba inmersa en una Tercera Guerra Mundial “por partes”, desplegada en distintos puntos del planeta y alimentada por “la avaricia, la intolerancia y la ambición de poder”. Una tragedia, advertía, sostenida también por la indiferencia de amplios sectores de la comunidad internacional, del mismo modo que ocurrió con las grandes atrocidades del pasado.
En ese marco, el Papa hacía un llamado explícito a “una acción política internacional” capaz de adoptar medidas coordinadas que persigan de manera efectiva los objetivos de la paz mundial y el desarrollo auténtico. Además, subrayaba el rol central de las organizaciones internacionales, a las que instaba a garantizar la igualdad como base del derecho de todos los pueblos a participar del proceso de desarrollo pleno, respetando las diferencias legítimas.
En los próximos días se celebrará una nueva reunión del Foro Económico Mundial bajo el lema “Espíritu de diálogo”. Será la primera sin la presencia del Papa argentino, quien destacó como pocos el valor del diálogo como herramienta indispensable para resolver conflictos, superar disputas y construir consensos duraderos.
A dos años de aquel mensaje, el desafío sigue siendo el mismo: que los líderes que se reúnan en Davos no reduzcan el diálogo a una consigna vacía y se animen, finalmente, a asumir como propio el llamado de Francisco. Porque, como él mismo advertía, no se trata de una reflexión abstracta, sino de una urgencia histórica cuyo costo humano sigue creciendo día a día.
