Las altas temperaturas incrementan los casos de deshidratación y golpes de calor, dos afecciones que pueden ser graves si no se detectan y tratan a tiempo. La prevención y la atención temprana resultan claves, especialmente en los grupos más vulnerables.
Las altas temperaturas representan un desafío para la salud durante el verano. En este contexto, aumentan los casos de deshidratación y golpes de calor, dos cuadros que pueden tener consecuencias severas si no se actúa de manera oportuna. Si bien afectan a toda la población, los niños, adultos mayores, embarazadas y personas que realizan actividad física o trabajan al aire libre conforman los grupos de mayor riesgo.
En el caso de los adultos mayores, el peligro se incrementa porque con el paso de los años el organismo pierde eficiencia para regular la temperatura corporal y disminuye la sensación de sed, lo que favorece la aparición de estas afecciones, muchas veces sin síntomas evidentes en una primera etapa.
Deshidratación: señales de alerta
La deshidratación ocurre cuando el cuerpo pierde más líquidos de los que incorpora. Sus síntomas más frecuentes incluyen sed intensa, boca seca, cansancio, mareos, dolor de cabeza, orina oscura y menor cantidad de micciones. En cuadros más avanzados pueden aparecer confusión, debilidad extrema y taquicardia.
En personas mayores, la deshidratación suele desarrollarse de forma progresiva y silenciosa, y en algunos casos los signos se confunden con patologías propias de la edad, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento.
Golpe de calor: una emergencia médica
El golpe de calor es una situación grave que se produce cuando el cuerpo no logra regular su temperatura. Se manifiesta con piel caliente y enrojecida, fiebre alta, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, respiración acelerada, confusión y pérdida de conocimiento, y requiere atención médica inmediata.
Cómo actuar ante estos casos
Ante síntomas de deshidratación, se recomienda interrumpir la actividad, trasladarse a un lugar fresco y reponer líquidos de forma gradual, preferentemente con agua o sales de rehidratación oral.
En caso de golpe de calor, es fundamental buscar asistencia médica urgente. Mientras se espera ayuda, se debe llevar a la persona a la sombra, aflojar la ropa, refrescar el cuerpo con paños húmedos y evitar cualquier exposición al sol.
La importancia de la prevención
La prevención es la principal herramienta para evitar estas afecciones. Los especialistas aconsejan:
- Beber agua con frecuencia, incluso sin sentir sed (entre 2 y 3 litros diarios).
- Evitar la exposición solar en las horas de mayor calor.
- Usar ropa liviana, clara y transpirable.
- Reducir la actividad física intensa durante el mediodía y la tarde.
- Prestar especial atención a niños y adultos mayores, que muchas veces no manifiestan sed.
El acompañamiento de familiares y cuidadores es clave para garantizar una hidratación adecuada y detectar signos de alarma de manera temprana.
Alimentos que ayudan a hidratar
La alimentación también cumple un rol fundamental. Se recomienda incorporar frutas y verduras con alto contenido de agua, como sandía, melón, naranja, frutilla, pepino, tomate y lechuga. Las comidas livianas y frescas favorecen la digestión y ayudan a mantener el equilibrio hídrico. En cambio, es aconsejable moderar el consumo de alcohol, bebidas azucaradas y comidas muy saladas, que favorecen la deshidratación.
Atención especializada en el Sanatorio Urquiza
El Sanatorio Urquiza, a través de su servicio de guardia, cuenta con protocolos específicos para la atención de pacientes con deshidratación y golpes de calor. El abordaje incluye evaluación clínica inmediata, control de signos vitales, hidratación oral o intravenosa según la gravedad y monitoreo continuo. En los casos que lo requieren, se realizan estudios complementarios y se indica la internación, garantizando una respuesta rápida y segura ante estas urgencias frecuentes durante el verano.
