Madrid volvió a poner en las calles la figura de Federico García Lorca a 90 años de su fusilamiento, con una intervención artística que convirtió la memoria del poeta en una celebración colectiva.
Más de 200 personas participaron de una particular procesión por distintos puntos de la capital española, acompañando una escultura de Lorca desde el Palacio de Velázquez, en el Parque del Retiro, hasta la Plaza de Santa Ana.
La propuesta, denominada “Saca nocturna”, fue impulsada por el colectivo artístico La Juan Gallery y buscó resignificar las llamadas “sacas nocturnas”, los traslados de detenidos durante la Guerra Civil española que en numerosos casos terminaban en fusilamientos.
En lugar de reproducir el horror, la intervención transformó aquella imagen histórica en un acto de memoria, reparación y reivindicación de la vida y la obra de Lorca.
“Federico vive”
El recorrido comenzó con una acción simbólica: los artistas retiraron la escultura del poeta del Palacio de Velázquez y la llevaron en alto por las calles madrileñas, mientras los participantes gritaban y celebraban su regreso simbólico.
La obra, creada por el escultor Fernando Sánchez Castillo, representa a Lorca con los brazos levantados y una expresión vital, alejándose deliberadamente de las representaciones solemnes y trágicas habituales del poeta.
Durante el recorrido hubo lecturas de poemas, música, danza y distintas performances en espacios vinculados con la trayectoria de Lorca en Madrid.
La procesión pasó por sectores del Retiro, la Cuesta de Moyano, el Paseo del Prado, el Jardín Botánico y otros lugares emblemáticos antes de llegar a la Plaza de Santa Ana.
Un homenaje que salió a la calle
La elección de realizar la actividad en espacios públicos tuvo un significado especial. Los organizadores buscaron que Lorca dejara de ser solamente una figura recordada en museos, libros o monumentos y volviera simbólicamente a encontrarse con la gente.
Durante el recorrido, vecinos, turistas y curiosos se fueron incorporando a la marcha.
La propuesta también buscó extender el recuerdo de Lorca hacia las miles de personas desaparecidas y asesinadas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, convirtiendo el homenaje individual en una reivindicación colectiva de la memoria histórica.
Noventa años después
Federico García Lorca fue asesinado en agosto de 1936, durante los primeros meses de la Guerra Civil española. Su cuerpo nunca fue encontrado, una circunstancia que le otorgó a su figura una dimensión todavía más profunda dentro de la memoria española.
El poeta tenía apenas 38 años y ya era una de las voces más importantes de la literatura española del siglo XX.
Su obra, vinculada a la poesía, el teatro y la cultura popular, continúa siendo leída y representada en todo el mundo.
Una procesión para devolver a Lorca a Madrid
El cierre se produjo en la Plaza de Santa Ana, donde la intervención artística terminó con música, danza y una última acción simbólica.
La propuesta dejó una imagen poderosa: Lorca regresando simbólicamente a las calles de la ciudad que tuvo un papel fundamental en su desarrollo artístico.
A 90 años de su asesinato, Madrid eligió recordarlo no solamente desde el dolor, sino también desde aquello que permanece vivo: sus poemas, su teatro, su música, su identidad y la huella que dejó en la cultura universal.
